El alcohol: un Problema de Salud Pública

Escrito por · 2009-03-30

El uso y abuso del alcohol ocasiona grandes problemas y pérdidas a las personas, sus familias y a la sociedad. El problema del alcohol constituye una de las más grandes amenazas para la salud pública.
En el Perú, al igual que en la mayoría de los países latinoamericanos, las bebidas alcohólicas casi siempre están presentes en las reuniones sociales. Se ofrecen en todo tipo de celebraciones y hasta en los funerales, ya sea para alegrar la fiesta o para calmar las penas, lo pretextos nunca faltan. Y en muchos hogares no faltan los bares bien surtidos para las ocasiones o reuniones improvisadas.

Las investigaciones clínicas han demostrado que el abuso prolongado del alcohol causa enfermedades del hígado como la cirrosis y la hepatitis, además de pérdida de la memoria, úlceras, anemia, coagulación defectuosa, deterioro de la función sexual, malnutrición, depresión, cáncer y hasta daño cerebral.

Muchos de los homicidios, suicidios, accidentes de tránsito, peleas públicas, violencia doméstica, abuso físico y psicológico de niños, ocurren en ocasiones en que se ha bebido demasiado, y muchas de la victimas no tienen nada que ver con el alcohol.


Estudios realizados acá en Estados Unidos demuestran que el alcohol interviene en el 25% de las muertes de personas del grupo entre las edades de 15 a 29 años. Su costo directo agrega 19.000 millones de dólares anuales al sistema de salud de Estados Unidos, mientras que para la economía en general, el costo es de 18.000 millones de dólares. Como factor de riesgo para la carga mundial de enfermedades, el alcohol compite con el tabaco. A nivel mundial está clasificado en quinto lugar entre los riesgos para la salud (después del tabaco) y salvo en Canadá y Estados Unidos, es el número uno en todos los demás países.

El alcohol causa un número desproporcionado de víctimas entre los pobres. La gente pobre gasta una mayor proporción de su salario en alcohol, y cuando sufre las consecuencias de los excesos en la bebida tiene menos acceso a los servicios de salud, puede perder su trabajo y causa más trastornos a su familia.
Por todas estas razones y otra más, en el Perú, las políticas relacionadas con el alcohol deben ser de alta prioridad.
Personalmente considero que el Perú, y especialmente lugares como Piura, donde se consumen grandes cantidades de alcohol, se debe intensificar las medidas como limitar las licencias para la venta de bebidas alcohólicas, las restricciones a la publicidad, leyes sobre la edad mínima para beber, y control de los horarios y de la ubicación de los locales que expenden alcohol. Además, se deben crear leyes municipales, si no las hay, que prohíban el consumo de alcohol en la mayoría de los establecimientos públicos, en los eventos deportivos, en los lugares de trabajo, los parques de recreación, las calles, el transporte público y a una distancia no menor de 100 metros de alguna institución religiosa o centro de salud. A todo esto se debe aumentar los precios y los impuestos y restringir la oferta; esto último significa establecer dónde y a quién puede venderse, qué cantidad, a qué hora y qué días. Así mismo se deben aplicar severamente las sanciones para las personas que conducen bajo estado de embriaguez.
Si se logra aplicar estas medidas,  restringir las horas de venta, controlar la cantidad de alcohol que la gente compra y bebe, disminuiríamos significativamente los homicidios, suicidios, accidentes y la violencia, es decir, muchas de las consecuencias graves y problemas de salud pública. Hay varios ejemplos que muestran que el cierre de los bares más temprano reduce tanto los accidentes como la violencia; esta medida se aplicó durante mucho tiempo en Europa, Estados Unidos, Canadá, y ahora podemos ponerla en practica en el Perú.
El aumento de la edad mínima para la compra de alcohol  ha sido durante mucho tiempo uno de los medios mas eficaces para reducir el acceso al alcohol. Acá en Estados Unidos desde hace mucho tiempo se fijó la edad mínima en 21 años y se ha comprobado que se trata de una política eficaz. Cuando se aplicó esta medida en todos los Estados Unidos se redujeron las muertes de conductores jóvenes en un 20%.
En América Latina y el Caribe, Colombia es uno de los mejores ejemplos de éxito en cuanto a la limitación del consumo de alcohol, mediante la restricción de los horarios de venta. Cuando Rodrigo Guerrero, médico y experto en salud pública, fue alcalde de Cali, Colombia, dedicó gran parte de sus esfuerzos a combatir el problema emergente de la violencia. Organizó encuestas que determinaron que el 40% de las víctimas de la violencia y el 26% de las personas que habían fallecido en forma violenta habían consumido mucho alcohol. La respuesta al problema fue la aprobación de una ley semiseca, que cerraba los bares y las discotecas a la 1 de la madrugada los días de semana y a las 2 los viernes y sábados.

Éstas y otras medidas lograron reducir la tasa de homicidios de 80 por 100.000, a 28 por 100.000, en un período de ocho años.
Otras políticas son menos eficaces, pero en combinación con las más eficaces ayudan a minimizar los daños del alcohol. Algunos ejemplos: que en los locales de expendio de bebidas alcohólicas se nieguen a servir a clientes que llegan en estado de embriaguez, entrenar al personal para prevenir y hacer frente a las agresiones, promover eventos “sin alcohol”, movilización de la comunidad, y campañas de servicio público en las escuelas, las universidades y a través de los medios de comunicación, además de la distribución de material informativo impresos con advertencias.
Las restricciones a la publicidad y a la comercialización de bebidas alcohólicas pueden reducir la exposición de los jóvenes a los mensajes que fomentan el consumo. Así mismo se debe prohibir que las empresas de productos alcohólicos patrocinen eventos deportivos o para los jóvenes, y hasta prohibir la publicidad de bebidas alcohólicas durante los fines de semana y días feriados.
Todas estas medidas requieren mucha de acción  y participación no solo de las autoridades competentes sino también de la comunidad en general, y recuerden que “quienes beben en exceso no sólo pueden acabar con su vida, sino que también perjudican y matan a quienes no beben”.

Este es un cartel en Lima, que anuncia la marca de una cerveza con la pregunta: “Y tú, ¿qué harías por su sabor?”, el mensaje es bastante sugestivo, es decir que la persona que quiera consumir la cerveza debe ser capaz de hacer cualquier cosa por poseerla, consumirla y hasta defenderla; es decir sugestivamente se insita no solo al consumo del alcohol sino a la violencia.
Estudios realizados acá en Estados Unidos demuestran que el alcohol interviene en el 25% de las muertes de personas del grupo entre las edades de 15 a 29 años. Su costo directo agrega 19.000 millones de dólares anuales al sistema de salud de Estados Unidos, mientras que para la economía en general, el costo es de 18.000 millones de dólares. Como factor de riesgo para la carga mundial de enfermedades, el alcohol compite con el tabaco. A nivel mundial está clasificado en quinto lugar entre los riesgos para la salud (después del tabaco) y salvo en Canadá y Estados Unidos, es el número uno en todos los demás países.

El alcohol causa un número desproporcionado de víctimas entre los pobres. La gente pobre gasta una mayor proporción de su salario en alcohol, y cuando sufre las consecuencias de los excesos en la bebida tiene menos acceso a los servicios de salud, puede perder su trabajo y causa más trastornos a su familia.
Por todas estas razones y otra más, en el Perú, las políticas relacionadas con el alcohol deben ser de alta prioridad.
Personalmente considero que el Perú, y especialmente lugares como Piura, donde se consumen grandes cantidades de alcohol, se debe intensificar las medidas como limitar las licencias para la venta de bebidas alcohólicas, las restricciones a la publicidad, leyes sobre la edad mínima para beber, y control de los horarios y de la ubicación de los locales que expenden alcohol. Además, se deben crear leyes municipales, si no las hay, que prohíban el consumo de alcohol en la mayoría de los establecimientos públicos, en los eventos deportivos, en los lugares de trabajo, los parques de recreación, las calles, el transporte público y a una distancia no menor de 100 metros de alguna institución religiosa o centro de salud. A todo esto se debe aumentar los precios y los impuestos y restringir la oferta; esto último significa establecer dónde y a quién puede venderse, qué cantidad, a qué hora y qué días. Así mismo se deben aplicar severamente las sanciones para las personas que conducen bajo estado de embriaguez.
Si se logra aplicar estas medidas,  restringir las horas de venta, controlar la cantidad de alcohol que la gente compra y bebe, disminuiríamos significativamente los homicidios, suicidios, accidentes y la violencia, es decir, muchas de las consecuencias graves y problemas de salud pública. Hay varios ejemplos que muestran que el cierre de los bares más temprano reduce tanto los accidentes como la violencia; esta medida se aplicó durante mucho tiempo en Europa, Estados Unidos, Canadá, y ahora podemos ponerla en practica en el Perú.
El aumento de la edad mínima para la compra de alcohol  ha sido durante mucho tiempo uno de los medios mas eficaces para reducir el acceso al alcohol. Acá en Estados Unidos desde hace mucho tiempo se fijó la edad mínima en 21 años y se ha comprobado que se trata de una política eficaz. Cuando se aplicó esta medida en todos los Estados Unidos se redujeron las muertes de conductores jóvenes en un 20%.
En América Latina y el Caribe, Colombia es uno de los mejores ejemplos de éxito en cuanto a la limitación del consumo de alcohol, mediante la restricción de los horarios de venta. Cuando Rodrigo Guerrero, médico y experto en salud pública, fue alcalde de Cali, Colombia, dedicó gran parte de sus esfuerzos a combatir el problema emergente de la violencia. Organizó encuestas que determinaron que el 40% de las víctimas de la violencia y el 26% de las personas que habían fallecido en forma violenta habían consumido mucho alcohol. La respuesta al problema fue la aprobación de una ley semiseca, que cerraba los bares y las discotecas a la 1 de la madrugada los días de semana y a las 2 los viernes y sábados.

 

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